Qué es y qué no es una web serie...



Luis Sáez

(Secretario del Consejo de Nuevas Tecnologías
de Argentores)

Mi gratitud a mis compañeros/as de Nuevas Tecnologías,
por la colaboración en la redacción de este material.

El estudio y análisis de las nuevas formas de realización y tratamiento de contenidos que día a día nutren el mundo digital, es tema que merece y requiere análisis profundo y actualización permanente, habida cuenta de su mutación y evolución constantes. Con ese objetivo, el Depto. de Nuevas Tecnologías de Argentores se dispone a elaborar y compartir con los lectores de Florencio una serie de informes y trabajos de investigación y reflexión sobre esta problemática, considerando su injerencia cada vez más determinante en el mundo de la comunicación audiovisual, y por carácter transitivo, en la actividad autoral.
Nuestra primera aproximación entonces a los contenidos web refiere a las generalidades y características de un formato que, cumplida ya la mayoría de edad (lleva más de veinte años de constante crecimiento en la red), con reglas y singularidades que lo diferencian cada vez mas de sus primeros antecedentes televisivos, se acerca cada vez más a configurar categoría de “género” en sí mismo. Nos referimos a las llamadas Web Series.
Considerando la nutrida polémica en torno al interrogante de qué es y qué no es una web serie, procuraremos abordar el tema atendiendo los diversos y encontrados criterios y opiniones al respecto, a saber: si bien un parecer mas o menos generalizado establece que web serie es todo contenido ficcional emitido y distribuido por Internet, existe también su opuesto (como en toda actividad humana, también aquí existen las antinomias) que establece que dicho contenido debe haber sido gestado y producido para ser difundido por la red. Así al menos lo propone Paula Hernández García en su artículo denominado “Evolución y características de la ficción española producida para Internet”. Según Hernández García: “se entienden como web series a todos aquellos seriales de ficción audiovisual creados para ser emitidos por Internet[1]

¿Existen entonces reglas que el formato debería respetar para intentar un feliz desembarco y performance en la red, mas allá de infructuosas taxonomías? Según fuentes consultadas para la elaboración del presente informe, para la gestación y realización de este tipo de productos resulta conveniente distinguir al espectador de web series del receptor de cualquier otro medio audiovisual. Tal vez convenga entonces establecer como prioridad qué diferencia a los web videntes de las demás categorías de espectador, antes de en qué se parecen, para asi conocer sus preferencias y necesidades.

Según la periodista Ivana Soto, “Lo que en una serie tradicional se cuenta en 45 minutos, aquí se cuenta en 5. Pero de otra forma: ágil, hipertextual, interactiva y orientada a una audiencia 2.0: el usuario de Internet. Y eso determina su consumo en espejo: rápido, viral, cortito y al pie.”[2]
En esto parece coincidir con el artículo de Paula Helgar, responsable del blog especializado Innovación audiovisual, cuando define al potencial consumidor de web serie como a un usuario multitarea que solo te regala 15 segundos para decidir si se queda contigo o si busca otro contenido. Un “espectador” que mientras “visiona” un vídeo, también twitea, hojea Facebook, o chatea desde whatsapp.[3]
Es decir, se trataría de un espectador irremediablemente (y cada vez más) activo, al que ya no podemos llamar espectador; un cibernauta, con capacidad de atención sensiblemente condicionada por la posibilidad (y tentación) de responder a estímulos diversos al mismo tiempo, y con la potestad de elegir por cuenta propia el momento de transitar un contenido, es desmedro, o no, de otros. Un ciber usuario que resuelve o aborta la continuidad de atención a un contenido con un solo e irreparable clic. Ya nadie puede disponer por él. Y él lo sabe.

Esta regla, de todos modos, contempla atenuantes y potenciales condiciones de elasticidad. Dicha perspectiva explica que la duración de los trabajos que se presentan habitualmente en los web festivales, (cada vez más frecuentes en todo el mundo) fluctúe entre los 2 y los 20 minutos; es decir, duraciones y contenidos diversos para un público también caracterizado por la heterogeneidad; desde los ya referidos y ávidos consumidores de “simultaneidad”, a receptores “pasivos”, con gustos y preferencias mas cercanos al estilo televisivo y/o cinematográfico, es decir, con inclinación a los formatos de duración más extensa que los híper breves referidos inicialmente, los que conforman, de todos modos, el 70 % de la masa consumidora de web series. Tenemos entonces, al menos dos grandes grupos (30 % de contenidos de 7 a 20 minutos, 70 % inferiores a dicho rango, según el informe citado de Hernández García). ¿Qué características nuclean a estas categorías, y a sus productos intermedios, bajo el concepto común de web serie? O si se prefiere, ¿qué las diferencia, por ejemplo, de un cortometraje o un video clip? Según Paula Helgar, para ser web serie, un contenido debe contar con un hilo argumental que le dé sentido a la trama y con más de tres capítulos[4]. Es decir, que para la condición de serie, debería cumplir con el requisito de alguna forma de secuencialidad y continuidad capitular, aún sin duración definida ya que en la red, tal lo expuesto, conviven formatos de duración variada.

En cuanto a los contenidos, podemos trazar una especie de constante que refiere a diversidad estética y genérica pero tratados todos de una perspectiva generacionalmente afín. Según el citado informe de Hernández García, “en cuanto a las características narrativas de las web series encontramos un elemento común en todas ellas: la temática juvenil. El perfil del televidente por Internet es el de gente joven, urbana, de clase media o media-alta. Y la voluntad de dirigirse a este público es latente tanto en los personajes que aparecen, como en las problemáticas que tratan y en el lenguaje utilizado. A estas temáticas atractivas para los jóvenes, se le añade la libertad de tratamiento de sus contenidos, sin censura, por la falta de un marco regulador de contenidos en Internet.” [5]

Ampliando lo expuesto, nos permitimos agregar que a menudo estas tendencias (orientadas a lo que Hernández García denomina “lo juvenil”) se manifiestan y patentizan a través de la tensión tema elegido-tratamiento genérico, donde se hace mas notoria una mirada a menudo transgresora e irónica hasta lo paródico. Temáticas como el terror, los fenómenos sobrenaturales, para-normales y afines, conviven con thrillers y hasta con metalenguajes, es decir, lenguajes que metaforizan sobre la propia naturaleza del formato en que han sido creadas, como el caso de “video tutoriales” (historias que giran en torno a adictos a los video juegos) o la sorprendente lavida.es, primera web serie narrada exclusivamente en lenguaje 2.0, es decir, que las tomas son exclusivamente reproducciones de posts, twits, chats, mails, charlas por WhatsApp, vídeos de Youtube, etc.
Buena parte de estas historias apuestan a lo humorístico, pero desde un enfoque singular, urbano, donde se alternan la perplejidad con la indiferencia y la resignación cool, propia de las clases medias de las grandes urbes globalizadas. Claro que decir buena parte no significa decir todas, porque según lo ya expuesto, resultaría virtualmente imposible (y probablemente, infructuoso) englobarlas en una cartografía mas o menos precisa y estable sin cometer inevitables e injustas omisiones. (De acuerdo a lo ya expresado, probablemente la única condición que englobe o emparente a las web series sea, precisamente, su diversidad…)
 
Para redondear esta primera aproximación a un tema tan complejo, vale la pena agregar que la misma no estaría completa sin analizar las posibilidades de producción como factor condicionante de la potencial realización del contenido. O dicho en palabras más simples, los recursos financieros (su abundancia o escasez) también inciden sobre el producto web serie, como en cualquier otro producto gestado y realizado según las reglas de un sistema capitalista.
De este recorte, al menos dos grandes grupos o categorías, en este aspecto sí claramente diferenciadas, conforman el universo de las Web Series. Los llamaremos “A” y “B”, de acuerdo a las características especificadas en el siguiente cuadro:

GRUPO “A”
- Condiciones de producción: respaldados por una gran producción, estilo Netflix.
- Duración: Largo aliento, 45 min/prom por entrega.
- Contenidos: Condicionados a los segmentos de audiencia que consume y sustenta a la plataforma-productora.
- Circulación: Rentada, plataforma cerrada, video on demand.
GRUPO “B”
- Condiciones de producción: Independiente, en general a través de subsidios y formatos afines.
- Duración: Supeditada a las posibilidades de producción: en gral entre 7 y 20 min.
- Contenidos: Libres, sin restricciones.
- Circulación: Libre. Plataformas abiertas, video blogs y similares.


Establecidas entonces, al menos referencialmente, las principales características que singularizan a la web serie como formato autónomo, nos parece importante indagar sobre las motivaciones y beneficios que justifican su nacimiento y evolución.


Cómo y para qué una web serie.

“Mucha gente me pregunta por qué me meto en estos líos de las series web. Por suerte (MUCHA, si tenemos en cuenta los tiempos que corren), en los últimos años no me ha faltado el curro como guionista y aún así sentía la necesidad de volver a probar esa extraña sensación de libertad que da poner en pie una serie para internet.”
“Los creadores siempre andamos quejándonos de que todo el mundo mete mano a nuestro trabajo; el cruel productor, el incompetente del director y el encefalograma plano que se le presupone a las cadenas de televisión. Ahora, con internet como nuestro mejor aliado, podemos ser el director, el productor y la cadena de televisión. Podemos llegar al público sin intermediarios y con una única limitación: el presupuesto. Sí, amigos. ¡Por fin! Nuestro único jefe es nuestro bolsillo.”[6]

Quien así se expresa es el español Cristóbal Garrido, guionista y realizador televisivo, responsable de las exitosas series web Con pelos en la lengua (Junto al realizador Felipe Luna) y Chessboxing (Junto al realizador Miguel Campos), galardonadas en su país y que le significaron oportunamente, además de enorme prestigio, inesperadas posibilidades laborales. Con inefable desenfado, él mismo lo refiere así:

“En 2008, cuando lanzamos Con pelos en la lengua, Felipe J. Luna y yo no teníamos ni idea de qué sacaríamos del titánico esfuerzo que supusieron sus primeros 27 episodios. Jamás hemos ganado un duro de manera directa a través de la serie (su tono deslenguado no nos lo puso fácil de cara a los patrocinadores), pero la inversión fue mínima porque cuando concebimos el proyecto lo diseñamos todo para que la producción fuera extremadamente barata. Toda su fuerza debía recaer en saber a qué público íbamos dirigidos, escribir buenos guiones y conseguir buenas interpretaciones. Nada más.” (…) [7]Tras más de siete millones de reproducciones y una inesperadísima comunidad de fans en el continente americano, nos han salido curros en otras producciones. Y no por las pelis o series que hubiéramos escrito antes de lanzarnos a esa aventura, no. Nos llamaron por “Con pelos” para CURROS DE VERDAD[8]. De los que se cobra, vamos. Así que con nuestra primera serie web confirmamos la esperanza de muchos de los que estáis leyendo este post: hacer un trabajo serio y constante, demostrar que eres capaz de levantar una producción y sobre todo ACABARLA, te abre puertas[9]

De lo expuesto por Garrido se desprenden valiosas observaciones: el formato web serie breve, que comenzó hace mas de 20 años como un hecho aislado y experimental, terminó por convertirse en un territorio de relativamente fácil acceso en términos de realización, situación propiciada por los avances notables de la tecnología digital en el campo de lo audiovisual y por el desarrollo también vertiginoso de las plataformas web de participación abierta, del tipo de Youtube y/o Vimeo, que les dieron lugar de crecimiento. Este crecimiento incontenible y notorio llamó la atención no sólo de los usuarios de redes, sinó también de intermediarios legitimadores, como los medios de prensa (especializados y en general), que terminaron de instalar el formato en la consideración pública y en los organismos tanto oficiales como privados, orientados a apoyar la cultura por la vía de ayudas económicas de diverso tipo: subsidios, sponsors, auspicios, etc. Se inauguran asi circuitos de producción asistida o co-producción que nutren y alimentan la actividad hasta legitimar su actual prestigio.

Pedro Levatti, responsable de Macaco Films, productora de contenidos audiovisuales para Internet, y reciente visitante al Departamento de Nuevas Tecnologías de la entidad para exponer sobre su experiencia en el área, refiere que los formatos referidos son en la actualidad un camino en desarrollo, que no garantizan rentabilidad pero sí la posibilidad de acceder a los medios económicos que propician una producción módica e independiente. Señala asimismo Pedro a los festivales de contenidos web cada vez mas frecuentes y concurridos como zonas de muestra y exposición de contenidos para productores de la mas variada índole, incluidas las plataformas de mayor renombre y poderío económico, como el caso de Neflix en Buenos Aires Web Festival que la mencionada Macaco Films organiza anualmente en CABA.
Claro que para seducir a estos gigantes es necesario mostrar un producto que reúna algunas cualidades esenciales: calidad y originalidad, condiciones sine quanon. Y la firme creencia en lo hecho, en desmedro incluso de los sagrados antecesores, hasta hace poco massmédicos e intocables, como el cine o la televisión. En este sentido, recurrimos nuevamente a la precisa mirada de Paula Helgar, que sobre el particular opina:

“Para hacer series de televisión ya existe la televisión que, seguramente con más presupuesto, lo hará mejor que nosotros. Una web serie convencional y amateur en Internet no tiene éxito. Pero sí lo tiene cualquier web serie innovadora, tanto, que no pueda funcionar en televisión. Por ello, lo que funciona en TV no funciona en el medio digital y viceversa. Por lo que el objetivo de dar el salto a la TV es totalmente lícito, pero se debe enfocar de forma distinta. Primero haz algo realmente innovador y de calidad en Internet, que llame la atención de la televisión, y después, si te vale la pena: salta tú, no tu web serie.”[10]

Conclusiones

No sabemos si llegaron para quedarse. Pero la historia que las precede y afirma, parece indicar que sí. Tampoco si son pasaporte seguro a alguna forma de rédito material o profesional. Pero intuimos que si productores y realizadores diversos se nutren de ellas, y sobre todo si millones de cibernautas en todo el mundo las consumen y disfrutan, es porque algo las distingue con luz propia, por entre todas las formas mas o menos históricas, o no, que circulan por la red. Por estas razones (y seguramente por otras tantas que exceden el marco de este trabajo) se han convertido en un campo de investigación y experimentación al que los autores de contenidos audiovisuales deberían acercarse.

LUIS SAEZ




[1] Revista Digital F@ro, Nro. 13, Setiembre 2011.
[2]Ivana Soto, Clarín; “Web series, breves, ágiles, y siempre disponibles”
[3]Paula Helgar, Blog Innovación audiovisual;  “La verdad sobre las web series”
[4] Ibíd. Ref. 2
[5] Ibíd. 1.
[6]Cristóbal Garrido, Guionista español, Blog EnUnaWebSeriada
[7]Ibíd. ref. 6
[8]Nota: El uso de la expresión Curro en España remite a formas de trabajo rentable de breve duración. Como se puede apreciar, significado e intención algo diferentes de los  que le damos en la Argentina.
[9]Ibíd. ref. 6 – subrayado y negrita del autor de esta nota.
[10]Ibíd. Ref. 1